Diversas investigaciones en psicología educativa y desarrollo infantil muestran que los niños suelen recordar más cómo los hizo sentir un maestro que los contenidos específicos que les enseñó. Las experiencias emocionales positivas fortalecen la memoria y dejan una huella duradera.
«Los alumnos quizá olviden una lección, una fecha o una fórmula, pero difícilmente olvidarán cómo los hizo sentir un maestro que creyó en ellos, los escuchó y los trató con respeto. A veces, un gesto de confianza puede convertirse en el recuerdo más valioso de toda una vida escolar.»